18.8.10

Micmacs, à tire-larigot, Jean-Pierre Jeunet vuelve a la gran pantalla

El último film de Jean-Pierre Jeunet, Micmacs, à tire-larigot, llegó a las salas de Francia el pasado otoño, mientras que en nuestro país se desconoce la fecha exacta de estreno, si es que este se lleva a cabo, habiendo obtenido, tanto en crítica como en público, un gran éxito, como sucede habitualmente en las creciones del director galo.
El cine francés destaca por ser excéntrico y sorprendente, y la obras de Jeunet son un claro ejemplo, si en Delicatessen (1991), junto a Marc Caro, nos trasladaba a mundo derrumbado, donde la carne era tan preciada y escueta como deborar a las propias personas, y en Amélie (2001), ya en solitario, nos presentaba una comedia romántica fuera de los estandartes habituales, ambas rodeadas por este alo de humor subrealista, ahora nos lleva al París actual, pero como sucede con Amélie, no al habitual. Esta vez cuenta la historia de Bazil, un hombre que perdió a su padre por una mina antipersona cuando tenía menos de diez años, y treinta años después es disparado, accidentalmente, en la cabeza, pero sobrevive a pesar de que el cirujano no puede sacar la bala. Después de una difícil recuperación se encuentra sin casa, sin bienes y sin trabajo, y decide trabajar como mimo ambulante, hasta que Placard, un anciano también vagabundo, lo invita a ir con él y su "peculiar" familia, formada por una contorsionista, un hombre pequeño pero de fuerza sobrehumana, un hombre bala, una hombre que en lugar de hablar recita poesía, una chica que mide y cuenta todo lo contable y mesurable solo con mirarlo, y una mujer que habiendo perdido sus dos hijas, actua como madre de todos ellos.
La perfección de esta película no solo se debe a un guión -de pocas línias pero mucho contenido- y una dirección excelente, sino que reside, también, a la magnífica interpretación de los actores. Un reparto encabezado por Dany Boon, que después de convertir su Bienvenidos al Norte (2008) en una de las películas francesas más vistas en todo el mundo, ha juntado esfuerzos con Jeunet, y ha interpretado a la perfección el papel de Bazil, solo comentar las escenas en que actua de mimo, trabajo que seguro había realizado, en que las risas, difíciles de crear con papeles como este, no tardan en asomar en las bocas del público. A pesar de ser el protagonista, Boon, deja mucho espacio para que sus compañeros se luzcan, como Dominique Pinon -habitual de Jeunet- que hace de hombre bala, con más partes de metal que humanas, o Yolande Moreau -otra de las habituales del galo- que hace de Tambouille, la madre de toda la familia, o que decir de Jean-Pierre Marielle -conocido en nuestro país por ser el abuelo de Audrey Tatou en El Código Da Vinci- que interpreta a un antiguo preso que sobrevivió a la guillotina, porque esta falló en dos ocasiones.

A pesar de que la acción sucede en el París actual, exceptuando alguna ocasión muy concreta, el resto trasncurre en un vertedero en que nuestros protagonistas reciclan todo lo que encuentran, convirtiéndolo en aparatos en perfecto estado, para formar parte de su "magnífica" y peculiar casa. El mundo que les rodea que, salvando las evidentes diferencias, es el mismo que el de Amélie, un mundo lleno de color y de cosas por las que vivir, nada deprimente, a diferencia del de Delicatessen, un mundo que es propio de los sueños.
La cinta esta repleta de guiños hacia las obras anteriores de Jeunet, como cuando Pinon aparece repitiendo el papel de Delicatessen, tocando la sierra, o aparece el frutero de Amélie, haciendo otro papel típico de la comedia francesa, el portero.
El éxito del film y a su perfección se debe a que Jeunet ha creado el cocktail fílmico perfecto, mezclando las partes justas de la historia de amor de Amélie, con las partes justas de las excentricidades de Delicatessen, con las gotitas mágicas del actor cómico de éxito, Dany Boon, dando como resultado a un film que deja un buen sabor de boca, después de haberla llenado de unos gustos magníficos. Espero estar en lo seguro, cuando afirmo que estas tres películas -Delicatessen, Amélie y Micmacs- se convertirán en una trilogía que pasará a la historia, como la Trilogía de la Comedia Excéntrica Francesa, ya que es imposible hablar de una sin hablar de las demás.
Solo para terminar decir que es un film redondo, una obra maestre de la comedia inteligente, solo superada por las obras anteriores del director galo.

Valoración: 5/5