23.10.10

No es nada personal: Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002)

Si en El Padrino la Ley Seca había pasado, Camino a la perdición -o Road to Perdition, el nombre de un lugar y no la situación derrotista que nos plantea el título en español- se centra en los temidos años de la Gran Depresión americana y la prohibición del comercio de alcohol, en los que el conocido Al Capone hacia temblar a la policía. Rock Island está dominada por la mafia irlandesa, tal vez una de las más violentas que existen, la cual está liderada por John Rooney, un temido hombre de "negocios" que saca beneficio, y sus terribles y leales secuaces, entre los que se halla Michael Sullivan, tal vez uno de los más fieles empleados de Rooney, y gracias a ello vive a cuerpo de rey con su mujer y sus hijos. La relación que existe entre jefe y empleado es casi como de padre e hijo, algo que no gusta a Connor, hijo auténtico de Rooney, que es una decepción constante para su padre. Todo va bien hasta que el hijo de Michael presencia un asesinato a manos de Connor, entonces los Rooney se ponen en guardia por miedo a que el joven Sullivan confiese y los lleve todos a la cárcel, y el primero de ellos Connor. Es en ese momento que se decide perseguir y acabar con los Sullivan para evitar que se destape el pastel, pero Michael no permitirá que su hijo sufra por lo que él ha hecho, y querrá evitar a toda costa que los mafiosos pongan la mano encima a su retoño. Por su parte, y para evitar males mayores, John Rooney decide contratar a un asesino a sueldo para acabar con Michael, y así evitar errores como los cometidos por su hijo.
El origen de esta magnífica e atípica historia de gángsters está en una novela gráfica de Max Alan Collins y Richard Piers Rayner, elaborada en blanco y negro y que en su momento sirvió para tener el guión y el storyboard del film.
Esta historia es atípica porque normalmente el jefe mafioso nunca persigue a su secuaz número uno para matarlo, siempre encuentra la manera de que se haga perdonar o se lo carga de un tiro a la primera de cambio y sin dudarlo, aquí los lazos que unen a Rooney y Sullivan son demasiado fuertes como para romperlos de un solo tiro, sino que el viejo jefe se ve en la obligación de matar a alguien que ha sido como un hijo, incluso más que el suyo propio. Esta es una de las múltiples y profundas lecturas que se pueden hacer de este film -y del cómic, claro-, además de ver como Michael cuida tanto a sus hijos que quiere que sean algo mejor que él, que no se conviertan en delincuentes, etcétera, etcétera.
Sam Mendes, director de la exitosa American Beauty, demuestra una vez más que es un artista del celuloide, ya que convierte cada fotograma en una excelente fotografía estática y en movimiento a la vez, que mantiene al espectador en vilo para ver que pasará al siguiente fotograma o escena. Evidentemente, como siempre sucede, el trabajo y el valor de una cinta no se queda tan solo en el guión y el director, sino que en gran parte también se debe a los actores que se toman muy en serio esta cinta, convirtiéndola en una obra de artesanía fílmica, y es normal que contando con Tom Hanks, Paul Newman, Jude Law y Daniel Craig, la interpretación no se quede en una mera anécdota, sino al contrario convirtiéndose en aquellos papeles que han marcado a los actores.
Tom Hanks, irreconocible en toda la cinta -ya que normalmente no hace asesino-, demuestra una vez que  es un magnífico actor de aquellos que hacen historia, además de mostrar al público que es muy polivalente y no se queda encasillado en papeles tragicómicos. Y que decir de Jude Law y Daniel Craig, aún sin ser actores consagrados cuando se hizo el film, pero que ya demuestran porque hoy son de las estrellas mejor valoradas -a pesar de fracasos como Repo Men o La brújula dorada, sendas medallas al fracaso para ambos actores-. Finalmente, por ser el mejor de todos ellos, el veterano Paul Newman, que al igual que Hanks, consigue hacer un papel alejado de los que es habitual de guaperas gamberro -en sus años mozos- y viejo bribón -ya al final de su carrera y vida-, aquí, en su último gran papel como actor, demuestra porque es uno de aquellos astros que brillan y brillarán por si solos en el firmamento de los grandes del cine.
Como ya hemos ido viendo, para este film lo único que se pueden dar son alabanzas y piropos críticos de esta magnífica obra fílmica, una película redonda que demuestra que para tener una buena historia de gángsters no solo deben tener tiros, sangres y alcohol.

Valoración: 5/5