23.12.10

El discurso del rey, el género histórico vuelve con fuerza

Con poco títulos a sus espaldas, pero muchos éxitos, como The Damned United y la serie televisiva John Adams, el joven director británico, Tom Hooper, nos trae una película de la que se seguirá hablando durante los próximos meses en las entregas de premios, ya que es candidata a varios Globos de Oro y a más de una nominación a los Oscars.
Como siempre ha sucedido el cine se ha fijado en la historia de la humanidad para sacar de ella todo tipo de argumentos, y este es un claro ejemplo de ello. Jorge V, rey de Inglaterra, tiene dos hijos, el heredero es un vividor y un filántropo, y el segundo, preparado para las acciones de gobierno, es tartamudo. Tras la muerte del monarca, su heredero, Eduardo VIII, decide casarse con una plebeya norteamericana, hecho que conlleva su abdicación, dejando como rey a su hermano tartamudo, Albert, duque de York, futuro Jorge VI. La acción empieza mucho antes de este hecho histórico, después de probar todo tipo de tratamientos y médicos, Albert y su esposa, Elizabeth, se decantan por Lionel Logue, un terapeuta del habla, con unos extraños métodos, pero que conseguirá que el príncipe hable casi a la perfección.
Con unos diálogos rápidos, concisos y muy ingeniosos, nace una acción, que sin apenas movimientos de cámara -el director prefirió un enfoque estático- consigue que esta sea trepidante y que en ningún momento pierda el ritmo, algo de auténticos genios del cine. A pesar de las numerosas pausas, la película, a nivel técnico, es perfecta, y como dice uno de sus protagonistas: "las pausas dan solemnidad", y, en efecto, así es.
El protagonista, Colin Firth, reconocido actor británico que puede hacer todo tipo de papeles, se pone en la piel del futuro rey Jorge VI, y lo hace a la perfección -hecho que ya le ha reportado el premio a Mejor Actor por el Círculo de Críticos de Nueva York, y se huele que será uno de los nominados a los premios Oscar por su papel-, expresa como si fuera propio el sufrimiento de un tartamudo que tiene la obligación y el deber de no serlo, con los enfoques en primer plano de su cara cuando habla con la atenta mirada de los micrófonos, hace de estos momentos los más tensos del film.
El peculiar terapeuta Lionel Logue es interpretado por Geoffrey Rush, que entre entrega y entrega de Piratas del Caribe nos demuestra que es un auténtico actor, poniéndose en papeles tan impresionantes como este.
Entre ambos actores surge una química que permite que la acción y el diálogo fluya sin interrupciones, que sea limpio, sin pausas forzadas, un movimiento perfecto entre todos los componentes del film, dejando que el espectador disfrute de tal extraordinaria obra de arte.
Helena Bonham Carter -habitual de los filmes de Tim Burton por ser su pareja- interpreta a la que hoy en día recordamos por ser la Reina Madre de Inglaterra, y lo hace con una solemnidad impresionante, siendo una británica sin parangón. Además de ella, aparecen en el film Michael Gambon interpretando a Jorge V, y Guy Pearce siendo Eduardo VIII, cuyo parecido con el personaje real es extraordinario.
Con las partes idóneas de drama, comedia y realismo, este film consigue que el espectador sibarita disfrute en todos sus aspectos, dejándole un magnífico sabor de boca.
Esta será, sin duda, una de las películas que pasará a la historia del cine, convirtiéndose en una obra de arte así que pasen los años, dejando a todo su equipo, técnico y artístico, en lo más alto del Hall of Fame del cine.

Valoración: 5/5