16.1.11

Las cosas de Fran: Napoleón y Yo (Paolo Virzi, 2006)

Uno de los episodios de la vida de Napoleón que menos aparecen en la gran pantalla es su estancia en Elba, después de la derrota en Leipzig y la ocupación de París, la Coalición obligó al corso a abdicar y renunciar a la soberanía de Francia e Italia, y fue exiliado a la isla de Elba, muy cercana a su Córcega natal.
Esta producción italo-franco-española nos muestra su estancia, adornada con unos aires de comedia romántica y ligera, en la isla del mediterráneo, o lo que él llamó “piedra”. La acción transcurre desde que Napoleón llega a la isla hasta que se va, pero no deja de ser un secundario, ya que el auténtico protagonista es un joven profesor de escuela, de nombre Martino Papucci contrario al “reinado” de Napoleón en su isla, hasta soñar que es su asesino, motivo por el cual pierde su trabajo. Pero a la llegada del ex-emperador este pide a alguien culto de la isla para que apunte las frases profundas que pasen por la mente y la boca de Bonaparte, es decir, las archifamosas frases célebres. Martino acepta pero con la cabeza puesta en las posibilidades que tendrá para acabar con el corso.
Hasta aquí podríamos considerar esta cinta como una comedia negra con contexto histórico, pero Virzi incluye entorno a los habitantes de Elba una serie de embrollos amorosos, como la relación entre Martino y la noble del pueblo, la baronesa Emilia Speziali -interpretada por la espectacular Mónica Bellucci-, relación que brinda al director la posibilidad de incluir alguna que otra escena picante -muy suave-, que tanto gusta a los italianos, o la relación amor-odio entre la hermana de Martino y el nuevo pregonero del pueblo, un bobalicón que se deja dominar por ella, o el amor pasional que siente la criada de la familia de Martino hasta este.
La puntilla cómica la ponen los fallos que siempre comete el joven Papucci para matar al corso, tanto por no atreverse -ya que es un profesor no un asesino- o por los boicots que le hacen desde su casa. Para acabar de comentar los aspectos fílmicos de esta cinta, solo decir que al final del film hay un excelente guiño hacia la historia y hacia los conocedores e historiadores de Napoleón.
Aprovechando la co-producción italo-francesa, porque los españoles solo debieron pagar, se ha elegido a un reparto espectacular para dar vida a los protagonistas. Los franceses aportaron al magnífico Daniel Auteuil que da vida al emperador exiliado, que a pesar de que a primera vista no se parece demasiado al corso, hay escenas en que el pied-noir se ha mentido tanto en la piel de Napoleón que logra mostrar el espíritu que lo ha hecho tan famoso. Como ya hemos mencionado, el papel de la noble italiana que hace su vida de ocio, diversión y sexo en Elba, lo interpreta la despampanante, a la par que magnífica y versátil actriz, Mónica Bellucci, que a pesar de hacer un papel muy típico y superficial para ella, demuestra que es una excelente actriz que no repudia ninguna posibilidad de poder mostrar sus encantos como gran mujer. Al personaje de Martino Papucci le da vida el joven actor romano Elio Germano, conocido por hacer papeles de “guaperas” italiano, además de alguna que otra intervención en películas independientes o alternativas.
El resto del reparto, desconocido para el público en general son actores italianos, y voluntarios de la misma isla, que ha permitido dar vida a la isla de Elba, confiriéndole un auténtico ambiente italiano y de provincias que choca con la vida noble y cortesana que se obliga, a partir de la llegada de Napoleón, a llevar a los simpáticos habitantes de dicha isla.
Es curiosa la forma con que Virzi enfoca a Napoleón, llega con el ánimo decaído a la isla pero con el paso del tiempo, apenas once meses, y el contacto con el impetuoso y joven Martino -dejando de lado las noticias que llegan desde Francia y le auguran un triunfo casi inmediato- le da fuerzas para escaparse de la isla, superar el control británico de esta, y llegar a Antibes el 1 de marzo de 1815. En realidad, si dejamos a parte las características propias de una película cómico-romántica -género muy popular entre los italianos-, la profundidad del film reside en la contraposición entre Napoleón y Martino, que si en un principio parecen opuestos, en realidad no lo son, porque Martino no deja de ser Napoleón en su juventud, cuando aún se llamaba Napoleone Buonaparte y era un joven militar republicano que pregonaba por la independencia de la isla de Córcega, ya que el joven habitante de Elba es un pensador libre, como lo fue el corso, que no desea el yugo de una gran potencia, como Francia, Italia o Inglaterra, que le obliga a someterse a un gigante caído que se exilia en su pequeña y tranquila isla.
Napoleón y yo no deja de ser una comedia trágico-amorosa que, a pesar de tener un trasfondo histórico muy bien logrado y trabajado, no es más que eso, una forma simpática de tener una buena sesión de cine, huyendo de los dramas históricos cada vez más populares entre los realizadores de todo el mundo, que han olvidado que las risas son la chispa de la vida, y, como nos enseña el film de Paolo Virzi, la alegría y las risas siempre ganan a los llantos y la tristeza.

Valoración: 3,5/5