15.1.11

Wilder Project: Uno, dos, tres (Billy Wilder, 1961)

Billy Wilder, como ya hemos ido viendo en las anteriores películas, es uno de los grandes maestros del cine, no tan solo cómico, género con el que estaba familiarizado y por el que se hizo famoso, sino también de suspense y de acción.
Con este film, Uno, dos, tres, Wilder llega a la cima del cine de enredo y vodevil, no tan solo por el excelente juego de puertas, entre las que se incluye la de Brandenburgo, y de idas y venidas, sino por un argumento sólido y conciso, elemento que acostumbra a fallar en sus otras películas. C. R. MacNamara es el gerente de la empresa de refresco Coca-Cola en Berlín Oeste en los años sesenta, que está en negociaciones con una comisión de burócratas soviéticos para exportar el producto emblema de occidente al interior del país soviético. Es entonces cuando sus jefe, Wendell P. Hazeltine, le pide que se encargue de cuidar a su joven hija Scarlett, tarea no muy difícil sino fuera por que es una pequeña burguesa ingenua que se deja llevar por cualquiera, en este caso, el cualquiera es un alemán del este, Otto Ludwig Piffl, un miembro de la base del Partido Comunista de Berlín Este. El grupo principal de personajes lo complementan un secretario ex-agente de la SS, una seductora secretaria y la señora MacNamara, una mujer de armas tomar. Con este planteamiento el enredo esta servido, además del tan añorado abrir y cerrar de puertas, o los diálogos cruzados.
El protagonista de este film es uno de los grandes actores de la primera mitad del siglo XX, James Cagney, conocido sobretodo por su altura y su pelo rojizo que se convirtió en el terror de los bajos fondos del cine mafiosos durante décadas, aquí interpreta a un clásico hombre de negocios americano, pragmático y ambicioso, y lo hace que ese carácter que lo hizo famoso en Hollywood. El resto de caras que cierran el reparto son más bien desconocidas, ya que a lo largo de su carrera se convirtieron en secundarios inamovibles, además de que muchos eran actores alemanes, el que más nos pueda sonar es Horns Buchholz, el joven comunista, que poco antes se había convertido en uno de Los Siete Magníficos.
Si en El Apartamento Billy Wilder fue tildado de pro-comunista porque, según los interesados, mostraba los defectos y la explotación de los trabajadores del sistema capitalista, en esta cinta deja bien claras sus ideas, para aquel que las quiera ver. Una crítica feroz a la corrupción que impregnaba todos los niveles de la burocracia soviética y que se aprovechaba del ciudadano -o camarada- de a pie, utilizándolo como una herramienta contra sus enemigos occidentales.
Este film, además de ser una pieza cómica, es una película que podría ser calificada de histórica, porque nos muestra una realidad histórica, tanto una ficticia como la real en que se rodó, una realidad que era patente durante los períodos de Guerra Fría, tal y como nos muestran otros filmes como el reconocido El Tercer Hombre. Una ciudad dividida también significa un pueblo dividido, tanto por un muro físico como por uno moral y ético, que les absorbía en direcciones opuestas.
Estamos, con total seguridad, delante uno de los mejores filmes, aunque poco reconocido en su momento, de Billy Wilder, en el que deja bien patente que además de un excelente director y guionista, era un humanista que a través de la comedia conseguía expresar realidades que dominaron el mundo durante décadas.

Valoración: 6/5