24.2.11

Almas condenadas (Wes Craven, 2010)

La población de Riverton (Connecticut) se ve asolada por una asesino en serio llamado Alex Plenkov. El asesino, poseído por una de sus múltiples personalidades asesina a su mujer, y es detenido justo cuando se dirige a matar a su hija. Poco despues, a pesar de estar prácticamente herido de muerte, consigue escapar de la ambulancia que lo translada y desaparece en el bosque.
Aquel mismo día nacieron siete niños, uno de los cuales podría ser la futura reencarnación del criminal. Diecisiete años despues, los asesinatos vuelven a repetirse.
Adolescentes, asesinatos, personajes estereotipados,... Wes Craven, el director de la saga Scream lo ha logrado, ha conseguido plagiarse a sí mismo. La película tiene el gran acierto de no tomarse en serio a sí misma, incluso las escenas más dramáticas pueden provocar una carcajada en el espectador, ya que no son nada creíbles.
Los asesinatos (que verdaderamente son la gran baza en este tipo de producciones), se puede decir que son correctos, pero carentes de originalidad e incluso en algunos momentos se intentan evitar planos especialmente sangrientos.
He ahí el fallo más grave, el asesino encapuchado cuchillo o garfio en mano se ha visto cientos de veces, por lo tanto, si se intentan evitar los momentos más cruentos, provocará que el espectador se aburra.
Un detalle que desconcierta, es la manera en que se entremezclan diferentes doctrinas: cristiana, indígena americana e incluso chamanismo haitiano. Este batiburrillo de ideas no encaja de ninguna forma y acrecienta la idea de que el guión es totalmente caótico.
La histriónica interpretación del protagonista (Max Thieriot), tampoco ayuda al conjunto y provoca que no se cree ninguna empatía con el espectador. No obstante, protagoniza algunas escenas bastante graciosas dentro del instituto (la escena del traje de cóndor es memorable).
En conclusión, una película palomitera que sirve para relajar neuronas, fácilmente olvidable y con un final bastante predecible.

Valoración: 2/5