13.2.11

La cena de los idiotas, el remake americano

Si ayer os presentábamos una de las mejores películas de Francis Veber, y, con total seguridad, una de las mejores comedias del panorama francés y galo, tan solo superada por clásicos como Mon Oncle, de los que ya hablaremos, hoy os vamos a hablar del remake que en 2010 se hizo en Estados Unidos de la mano de Jay Roach, director de todas las entregas de Los padres de ella, con humor tan característico que en ningún momento dudamos del realizador, pero tan distinto al original galo que pierde la esencia de la historia.
Tim es un analista con grandes aspiraciones de una gran empresa financiera, parece que al final ha convencido a su jefe para ser ascendido, solo tendrá que superar una prueba, ir a una cena de idiotas y convencer a su jefe que su idiota es el mejor. Sin saber que hacer por casualidad atropella a Barry, un trabajador de hacienda que tiene como afición disecar y crear escenas con ratones muertos, que se convertirá en su idiota. Su novia, Julie, considera que esta cena es una crueldad, y debido a ella se enfada y se marcha, a la vez que Barry irrumpe en su apartamento un día antes de la cena, con terribles consecuencias para Tim.
Partiendo de la misma idea que Le dîner de cons (1998), este film va más allá, ya que además de seguir la mayor parte del argumento del original con las irrepetibles situaciones en el apartamento del protagonista, y nos cuenta que habría pasado si los personajes hubieran ido a la cena de los idiotas, como tenían planeado. Mientras que el original con un humor tal vez más inocente pero, sin duda, mucho más agudo e inteligente, la versión americana solo es la excusa para que Steve Carell, como los filmes de Adam Sandler o los éxitos en taquilla de Jim Carrey, muestre todo su repertorio de tonterías, gestos raros y estupideces posibles.
No nos vamos a engañar, la película nos hace reír, no hay duda, incluso a carcajada limpia, pero mientras que en el film de 1998 te ríes por los juegos de palabras, las agudas salidas de su protagonista o las emocionadas salidas de tono de François Pignon, aquí te ríes de los chistes de "caca, pedo, culo, pis", algo que encanta a los americanos.
Steve Carell devora la pantalla, no duda en coger todo el protagonismo, y suerte que lo hace porque los demás actores estás fuera de lugar, Paul Rudd, que ha realizado más de una comedia de este estilo, aquí no acaba de situarse como chico bueno desafortunado. Entre todos los secundarios el que destaca, como siempre lo hace en los filmes en los que participa, es Zach Galifianakis, que interpreta al jefe de Barry, un hombre que cree poseer control mental. Uno de los mejores momentos que tiene el film son las dos escenas que comparten estos dos actores de gran talento cómico, en que sin hacer nada más que mirarse a los ojos nos arrancan más de una risa.
Un film que puede ser considerado mediocre, incluso dentro el género, pero que sin duda nos hace reír, y a pesar de no llegar al nivel del original es aceptable como comedia, y por el carácter de sus bromas puede ser incluido dentro de lo que ya se ha llamado comedia gamberra, donde supera con creces a sus compañeras.

Valoración: 3,5/5