6.4.11

Cine Histórico: Austerlitz (Abel Gance, 1960)

Abel Gance, después de crear una de las obras de arte más reconocidas del cine, Napoleón (1927), y delante la imposibilidad de seguir con su titánico proyecto, se dedicó a versionar varias veces su obra, añadiendo sonido, colores, etcétera. Pero en 1960, y después de ver el éxito en público y crítica de Napoleón (Sacha Guitry, 1955) decidió seguir adelante con dar vida a su amado corso. Puede ser por los años de recuperación económica de Europa, como por el descrédito que había obtenido el director galo después de las pésimas versiones de Napoleón, que el presupuesto con el que contó fue más bien reducido, pero no por ello creó una mala película. Gran parte de este presupuesto fue desviado para la contratación de grandes estrellas del cine europeo y americano, como los casos de Claudia Cardinale y Orson Welles, esto conllevó que el dinero que se hubiera podido gastar en la reproducción de las escenas bélicas de la batalla de Austerlitz, sirviera para realizar algunas escenas más bien anecdóticas, ya que Orson Welles aparece tan solo en dos escenas, y en la segunda no tiene ni diálogo, interpretando el papel de Robert Fulton, un inventor americano que ofrece una navío a vapor a Napoleón. Mientras que la actriz italo-francesa, Claudia Cardinale, aparece, también en un par de escenas, como Pauline Bonaparte, una de las hermanas del Emperador de los franceses. A pesar de todo ello, este film, sin llegar a ser uno de los mejores filmes napoleónicos, cumple muy bien las expectativas que uno pueda tener en él, además de ser una fidedigna reproducción de lo que sucedió el 2 de diciembre de 1805.
La acción empieza poco después de que Bonaparte sea elegido cónsul vitalicio, podemos ver como el poder le va subiendo a la cabeza con pequeños caprichos, como el peculiar sombrero –que en realidad ya utilizaba desde sus tiempos como general de artillería en Italia–, o los zapatos, con los que tortura a su mayordomo Constance. Después de unas escenas contextuales llega el momento de la coronación como emperador, pero en esta ocasión Gance prefirió evitar las escenas pomposas viendo como Napoleón se auto-corona frente a la estupefacción de los asistentes a Notre Dame y del papa Pío VII., y se conformo con que uno de los jóvenes militares de la corte relate lo sucedido, como un cuento, a los sirvientes y a Letizia, la madre de Napoleón, que no acudió a la coronación. Después de ello ya se van viendo los preludios de la que será la gran victoria de Napoleón, primero el intento de invadir Inglaterra, con las tropas concentradas en Boulogne, y como después, y con una rapidez espectacular, los hombres de Napoleón se desplazan hacia Austerlitz. La escenificación de la batalla, como ya hemos comentado, es más bien pobre, combinando grandes escenas de caballería con primeros y medios planos en escenarios, por lo tanto la importancia de la película se desplaza en el diálogo y en los pequeños detalles. Si se ha leído algo sobre lo sucedido entorno a Austerlitz –como el libro de Pierre Miquel–, se puede ver que Gance cuidó hasta el más mínimo detalle, como el paseo nocturno previo a la batalla del Emperador.
Como sucede en Napoleón (1927), toda la acción gira entorno al corso, por lo tanto era necesario elegir a un actor que fuera, sino igual, muy parecido, y llegar al nivel de Albert Dieudonné era algo difícil, pero se encontró a Pierre Mondy, un pequeño actor galo, no muy conocido, pero de la altura apropiada para realizar el papel de Napoleón, pero es que además sorprende el parecido con el Emperador, o como mínimo con alguna de sus representaciones, véase el caso de un busto de 1886 perteneciente a la colección del Museo Napoleonico de Roma, al que Mondy es prácticamente igual.
Como ya hemos comentado, este film destaca, a parte de por el parecido del actor principal con Napoleón, por los detalles cuidados del guión, pero lo que hace de esta película agradable de ver, es la combinación perfecta de idolatría hacia el héroe francés con la suficiente conciencia como para criticar los defectos de personalidad que le son conocidos, sin llegar a la crítica excesiva como sucede en el caso de Waterloo (Sergei Bondarchuck, 1970). En este caso el pequeño corso es caracterizado con un alo de humanidad dejando de lado su egomanía, y esto lo podemos ver en la relación que tiene con su mayordomo Constance, con el que comparte el día a día, incluso le deja dormir en su litera la noche antes de la gran batalla. En mi opinión el Napoleón que nos muestra esta vez Gance es el más realista, junto con el de la mini-serie de televisión de Yves Simoneau, de todos los que han pasado por la gran pantalla, y muy distante al que dio a luz treinta y tres años antes, que se caracterizaba por su frialdad, y de los Napoleones del cine británico, en esta ocasión es un Bonaparte humano, realmente cercano al pueblo, corrompido por el poder, pero no en exceso, aunque este detalle también puede deberse a que representa que hace tan solo un año que es emperador, y no está tan deteriorado por el poder y los años a sus espaldas.
Un detalle que sorprende la primera vez que se ve la película es la decoración de las paredes de los despachos, en lugar de tener frescos o cuadros, están decorados con enormes mapas, los de los británicos con sus islas y ríos, y los de los franceses con una enorme Francia, a la que, con un juego de sombras, Napoleón cubre con su silueta.
En definitiva, esta es, sin duda, una inmejorable aproximación a la persona de Napoleón, ya que a pesar de representar los hechos entorno a una batalla, muestra lo que sentía el emperador, como era en privado, lejos de los protocolos de las cortes imperiales, y, evidentemente, es una reproducción sino exacta, casi exacta, de los hechos que llevaron a Napoleón Bonaparte a proclamarse emperador en la práctica, y así confirmar el título conseguido justo año antes.

Valoración: 4,5/5