23.4.11

La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004)

“Cuando tocas una historia tan conocida y con tantas preconcepciones diferentes, lo único que puedes hacer es mantenerte lo más fiel posible a la historia y a tu propia forma de expresarla creativamente”, afirma Gibson. “Eso es lo que yo he intentado hacer”.

Año 30 de nuestra era. En la provincia romana de Judea, un misterioso carpintero llamado Jesús de Nazareth comienza a anunciar la llegada del "reino de Dios" y se rodea de un grupo de humildes pescadores: los Apóstoles. Durante siglos, el pueblo judío había esperado la llegada del Mesías - personaje providencial que liberaría su sagrada patria e instauraría un nuevo orden basado en la justicia-. Las enseñanzas de Jesús atraen a una gran multitud de seguidores que lo reconocen como el Mesías. Alarmado por la situación, el Sanedrín, con la ayuda de Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles, arresta a Jesús. Acusado de traición a Roma, Cristo es entregado a Poncio Pilato, quien, para evitar un motín, lo condena a a morir en la cruz como un vulgar criminal.
La Pasión nos remite a los agónicos eventos que tuvieron lugar durante las últimas doce horas en la vida de Jesucristo, de los que hay cuatro narraciones diferentes en el Nuevo Testamento de la Biblia y un legado que ha perdurado por más de 2000 años. La Pasión de Cristo es cine estéticamente impresionante y eso es algo indiscutible; es una película hecha para impactar al que la ve, ya que Mel gibson no se ha centrado en la parte de “sermón” que rodea la historia, si no en la parte de la pasión y como puede llegar a evolucionar. El contraste con otras películas sobre Jesús deja a la obra de Gibson en mal pie en cuanto al uso de la violencia para manifestar la pasión, a pesar de que sin embargo todas, directa o indirectamente, nos muestran la procesión interna de los personajes, del uso del poder sobre quien nadie defiende. Transcurridos unos minutos, la extrema rudeza del contenido violento comienza tras la captura de Jesús, dramatizada instantáneamente con un recital de abusivos golpes por parte de los soldados romanos que le descuelgan por un puente. Es la primera acción cruenta de un amplio catálogo de golpes, latigazos, guantazos, pateos, heridas, esputos, sangre y brusquedad con la que se condimenta una película mantenida en la fuerza sangrienta de su imagen. Quien pretenda llevar a la pantalla la vida de Jesucristo, tendrá que enfrentar un material que aporta datos biográficos. Gibson nos quiere presentar a un Jesús muy de carne y hueso. Pero si miramos su planteamiento a través de tres escenas claves, quizá la percepción cambie radicalmente. Sin embargo, nunca antes ningún director intentó darle vida a esta historia de sacrificio apasionado con toda la intensidad de detalle y realismo que permite la cinematografía. Para la realización del film, Mel Gibson comenzó a investigar hace más de 12 años miles de documentos relacionados con la Pasión. Una de las primeras decisiones que tomó como director de La Pasión de Cristo fue que el Jesús de su película hablara el mismo idioma que 2000 años atrás habló el Jesucristo histórico, el arameo, una antigua lengua semítica estrechamente relacionada con el hebreo y que hoy es considerada como una lengua muerta.
Ésta, no es una crítica fácil de escribir, ya que es difícil no situarte en una postura creyente o atea de la religión, pero hay que intentar ver este film desde el punto de vista de un suceso pasado histórico, y es cuando entramos en este terreno que nos damos cuenta de que Mel Gibson no narra simplemente una historia “religiosa” si no que nos muestra vida y costumbres de la época, cosa que no ves si te quedas simplemente con la parte religiosa superficial del film.

Valoración: 4/5