25.6.11

Je suis...: Los Duelistas (Ridley Scott, 1977)

Lo que a priori pueda parecer una simple película de acción y honor ambientada en la era Napoleónica, en realidad, casi con total seguridad, es una de las películas más profundas sobre esa época, además de un auténtico análisis del carácter de Napoleón, a pesar de que este no aparece en todo el film, pero si que es nombrado con bastante asiduidad.
Como ya estamos acostumbrados, este film se basa en una novela, mejor dicho, en una historia breve de Joseph Conrad, autor de El Corazón de las tinieblas y Lord Jim, de las que también se han realizado películas como Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y Lord Jim (Richard Brooks ,1965). Al igual que sucede en el caso de Guerra y Paz de Leon Tolstoi, son películas que se basan en grandes novelas, por lo tanto al realizar este tipo de adaptaciones puede que se consiga una obra maestra, o no se llegue al nivel, como sucede en el caso de la versión de Guerra y Paz de King Vidor de 1956. Pero en este caso sucede todo lo contrario, es tal la calidad de la cinta de Ridley Scott que se puede decir que supera el relato original de Conrad.
Antes de empezar hablar del valor de la película que tenemos entre manos, debemos decir que fue el primer largometraje que dirigió Ridley Scott, consiguió entrar en ese pequeño grupo de directores que se cubren de gloria tan solo empezar su carrera como Orson Welles, Akira Kurosawa o Steven Spielberg. Además, para los dos actores protagonistas, Keith Carradine y Harvey Keitel, ahora grandes actores de Hollywood, esta fue, tal vez, su primera gran película.
Volviendo al tema que nos concierne, este film es una perfecta interpretación sociológica, pero mientras que Desirée lo era de las nuevas clases altas, esta lo es de una clase, o estrato social, muy importante en la época napoleónica, los soldados. La historia gira a entorno de dos oficiales de la Grande Armée, en concreto dos húsares, que debido a un malentendido empiezan un duelo que durará años, casi tantos como el reinado de Napoleón, notando sus altibajos. Cuando Armand Féraud, batiéndose en duelo con otro oficial termina hiriéndole gravemente, los oficiales superiores encargan a Armand D'Hubert que lo lleve de nuevo al cuartel, pero Féraud se lo toma como un insulto y le reta, empezando un enfrentamiento, que al ser los dos hombres fuertes y experimentados se irá parando y reprendiendo a medida que se van encontrando en distintos escenarios bélicos en los campamentos de Napoleón, y a medida que avance el tiempo el odio, o el respeto, que haya entre los dos crecerá de tal forma que ambos estarán obsesionados con vencer al otro, y por lo tanto los duelos serán cada vez más sangrientos y peligrosos, llevando a los dos personajes, en varias ocasiones, al filo de la muerte.
En pocas palabras, el argumento principal gira entorno a un duelo, algo que en la época de Napoleón ya estaba prohibido o mal visto, pero que se seguía practicando entre los hombres de honor y caballeros, y para retar a otro en duelo cualquier excusa era válida, desde razones de peso, como el amor de una mujer, hasta hechos más menores, como una palabra de más en una conversación o, como en el caso del film, interrumpir a un hombre cuando está disfrutando de la compañía de una dama. Cualquier forma de duelo era válida, espada, pistola, pulsos, etc., y el vencedor se decidía de formas distintas, dependiendo del país, la región o la tradición, luchaban hasta que uno le hacía sangre en el pecho al otro, hasta que uno de los se rendía o bien hasta la muerte. A pesar de que el duelo que aparece en el film pueda parecer obsesivo y exagerado, en la realidad muchos eran los casos de duelos que rozaban la locura. En los entornos militares, en que las armas y los adictos al combate proliferaban en cada esquina, era fácil que hubiera varios duelos al día, entre hombres de la misma graduación, ya que los duelos entre graduaciones distintas no era tan habitual, porque era el grado superior el que debía retar al inferior para que existiera dicho duelo, y normalmente los oficiales de grados altos evitaban los duelos, por no ser deshonrados por alguien aparentemente inferior.
Napoleón Bonaparte no aparece en todo el film, pero los personajes lo nombran, lo defienden o lo insultan, dependiendo del momento de su carrera en la que nos encontremos. Pero el pequeño corso es representado en los dos personajes principales, D'Hubert y Féraud, ambos encarnan cualidades reconocidas en Bonaparte, pero completamente opuestas, llevando a interpretar el duelo entre dos persones como la lucha de dos facetas de la personalidad de Napoleón. Mientras que D'Hubert es tranquilo, inteligente y calculador, Féraud es agresivo, ansioso y violento, pero ambos comparten algo por lo que Napoleón se caracterizó toda su vida, la ambición.
D'Hubert es el Napoleón matemático, estudioso y diplomático, a pesar de que quiera el poder lo consigue mediante el cálculo de posibilidades, asciende en el escalafón militar por sus gestas pero también por su valía en la estrategia militar, podría ser el Napoleón de los inicios, justo hasta que llega a ser primer cónsul, cuando aún lleva la coleta, que se ve llevado a la cúspide sin hacer nada más que su trabajo. Por su parte, Féraud es el Napoleón con poder, agresivo tanto en los despachos como en el campo de batalla, busca el ascenso, al igual que D'Hubert, pero mediante la fuerza, y también lo consigue, pero esta forma lo lleva a la obsesión de vencer siempre, lo que implica terminar el duelo con D'Hubert. Féraud sería el Napoleón primer cónsul y emperador, cada vez más ambicioso pero menos calculador. Esta distinción entre las dos facetas del corso se puede apreciar también en Napoleón de Sacha Guitry, pero mientras que en ese film las dos facetas no están enfrentadas sino que una es la evolución de la otra, como si el poder cambiara el carácter de Bonaparte, además del cambio de peinado que es utilizado, en el film de Guitry para cambiar de actor.
El mensaje que se pude obtener después de apreciar esta distinción de caracteres de una misma persona, no es que uno venza al otro, porque D'Hubert, a pesar de conseguir derrotar a Féraud, no lo mata, sino que le permite la vida, pero en el olvido, es decir, las dos facetas de Napoleón están enfrentadas siempre, toda su vida, pero una no podría existir sin la otra, pero mientras la que encarna D'Hubert es la triunfadora, la de Féraud es la derrotada, ya que su ambición le ha llevado al fracaso y al olvido final. Dicho olvido el personaje del film, se entiende, que lo vive en Francia, y Napoleón en Santa Helena, como nos muestra la escena final en la que Féraud, de espaldas a la cámara, observa la puesta de sol, al igual que Napoleón hizo en Santa Helena cuando fue recluido allí, incluso la silueta del bicornio y de la levita gris hasta los pies no hace pensar en el emperador destronado.
Como hemos podido observar, la interpretación psicológica de Napoleón se puede entrever en este film, ya que la complejidad de esta cinta en estos temas es más de lo que a priori pueda parecer. A pesar de ello, la profundidad psicológica de este film no reduce el poder fílmico e histórico del mismo, ya que la reconstrucción histórica es excelente, una ambientación magnífica da pie a una historia, que a pesar de ser común en la época, hoy en día ha sido olvidada en favor de la imagen del soldado disciplinado y obediente. En definitiva un excelente film de género histórico que marca un antes y un después en los filmes napoleónicos, tanto por su valor cinematográfico, como por la interpretación que se hace de Napoleón Bonaparte, que deja de ser un personaje épico para convertirse en alguien humano.

Valoración: 5/5