9.7.11

Je suis...: Monsieur N. (Antoine de Caunes, 2003)

La batalla más importante es la última. ¿Waterloo? No, la última batalla. La vida de superación, determinación y combate de Napoleón no se agotó nunca, lo demostró después de su reclusión en Elba, de donde se fugo para reconquistar el trono de Francia, y durante toda su reclusión en Santa Helena seguía pensando en el retorno.
Oficialmente Napoleón I -Napoleone Buonaparte, Napoleón Bonaparte, el General Bonaparte, Boney el Ogro, etc.- murió a las 5:49 del 5 de mayo de 1821 cautivo de los británicos en Santa Helena, una isla del Atlántico Sur, pero son muchos los rumores que afirman que Napoleón no murió, sino que fue envenenado, o que incluso se fugó para vivir en el anonimato hasta el fin de sus días. Esta última teoría, impensable para los historiadores puristas del Emperador, pero que para muchos seguidores fascinados de Napoleón, es una más de las facetas y posibilidades del genio del pequeño corso.
Para todos aquellos amantes de las conspiraciones a nivel internacional, este film cumplirá todas sus expectativas, ya que reúne todos los habituales rumores y teorías que giran entorno a la muerte del Emperador. Una doble historia contada de la mano del teniente Heathcote, un subalterno en la isla de Santa Helena durante el cautiverio de Napoleón, repasa los hechos que vivió allí a la vez que sigue una investigación en 1840 durante el retorno de los restos del Emperador. Entre 1815 y 1821 los hechos que acontecieron en la isla perdida en medio del Atlántico parecían normales, pero con el paso del tiempo hay cosas que no acaban de encajar, ¿que pasó con el cuerpo de Cipriani? ¿porqué entre 1819 y 1821 la mayoría de fieles al Emperador abandonaron la isla? Y Heathcote pretende descubrir la verdad.
Detrás de este excelente argumento digno de las mejores intrigas de Hitchcock, se pueden los auténtico misterios que entraña la muerte de Napoleón. Han corrido ríos de tinta sobre si el Emperador fue envenenado en un complot entre británicos y franceses, o tan solo fue cosa de los británicos para ahorrarse el coste del mantenimiento de esa extraordinaria prisión. Muchos son, pero la mayoría de ellos soñadores, los que defienden que Napoleón se fugó para vivir el resto de su vida en un tranquilo paraje. Pero la realidad es la que está en libros de texto y en las monografías napoleónicas, y es que el Emperador murió olvidado por un mundo que había dominado, para más tarde, ya póstumamente, regresar a su patria para descansar en el corazón de los franceses.
Durante todo el film el Napoleón que se nos presenta, a pesar de sus golpes de furia y autoridad, es un hombre encerrado contra su voluntad en un confín del mundo como si de un titán se tratara. De Caunes nos brinda un Bonaparte humano, que no quiere recuperar el trono, a pesar de que todos los demás lo deseen, sino que quiere vivir como un hombre normal, sin demasiadas preocupaciones. Vemos a un Emperador decaído, deprimido, no enfermo, pero cansado de vivir, que prefiere seguir su rutina de trabajo que dejarse en los males de un cautiverio.
Lo que queda patente en Monsieur N., al igual que en muchos otros filmes, es el poder de conquista de Napoleón respecto a las mujeres, tampoco queda muy claro si es él o su poder el que conquista, pero la realidad es que fueron muchas las mujeres que pasaron por su lecho, desde su gran amor, Josefina, hasta la condesa Marie Walewska.
Durante su cautiverio su enemigo fue el gobernador Hudson Lowe, un militar de poca fama que se encargó de esta dura y penosa tarea de ser un carcelero. En este film el personaje de Lowe toma mayor protagonismo de lo habitual en los filmes sobre Napoleón, y lo hace de una interesante manera, es alguien que comprende a Napoleón ya que, al igual que él, está encerrado en contra de su voluntad, cuando en realidad lo que quiere es vivir en el campo de batalla. La visión final del personaje, repudiado por su patria, viviendo de forma inmunda en París, es una licencia del film ya que en realidad Lowe terminó sus días cumpliendo su deber como militar de la corona británica.
Lo que deja muy claro el film es el poco interés que mostraron los fieles a Napoleón después de su exilio, ya que tan solo tres de sus generales fue con él, y la mayoría no por lealtad sino para constar en el testamento del Emperador, y llevarse un pellizco de la "gloria" del pequeño corso. Además durante su cautiverio todos los que compartieron parte de su tiempo se dedicaron a escribir las memorias del Emperador, tanto el General Montholon, como el Conde Las Cases, como el médico británico O'Meara, para más tarde enriquecerse a costa de Napoleón.
La labor de Philippe Torreton como Napoleón es impecable, ya que muchos son los instantes en que crees que realmente estás viendo al corso en carne hueso, sufriendo sus cautiverio, sus desamor con la señorita Balcombe, o disfrutando de jactarse de ser uno de los grandes, por no decir el mayor, militares de la historia de la humanidad. Además el parecido, logrado a partir del estudio de los cuadros y las memorias y buen maquillaje, es mucho más que razonable. A pesar de que Torreton no guarda muchas similitudes con el Emperador en su piel lo ves igualmente.
Lo que está claro es que los restos del Napoleón -y perdonarme los soñadores- descansan en el centro de París bajo las cúpula de Les Invalides, y no bajo una lápida sin nombre en otro cementerio parisino o en Louisana, a pesar de que resulta factible e interesante pensar que Napoleón fue más listo que sus enemigos y consiguió vencer la más importante de sus batallas, la de Santa Helena, siempre considerada como la última de sus campañas.
En definitiva, un excelente film de intriga histórico con una especial atracción para los seguidores del corso, que verán cumplidos sus deseos de comprobar que Napoleón consiguió huir de la isla de Santa Helena.

Valoración: 5/5