5.7.11

Un cuento chino, el Amélie argentino

Ricardo Darín es Roberto el propietario de una ferretería de Buenos Aires, es metódico, solitario, maniático, le encantan los aviones y recortar noticias sobre muertes estúpidas, y se acuesta cada noche a las once en punto, no tienes sobresaltos, exceptuando los paquetes de tornillos de 350 que nunca lo son. Hasta que un día se cruza un chino, Jun, un joven que pierde a su prometida aplastada debajo de una vaca, que no habla nada de español y tan solo tiene una dirección tatuada en el antebrazo, después de ir a la embajada y conseguir que busquen a un familiar, pero ellos no se hacen cargo del joven inmigrante, y Roberto no tiene otra que llevárselo a su casa, pero para él no es más que una carga.
Una historia dramática, de dos hombres solitarios, que no se entienden y se ven obligados a convivir, pero con una capa de ternura y positivismo que hace de ella la versión más cercana a Amélie, ese estilo de humor costumbrista, mezclado con extravagantes salidas como la escena inicial de la vaca.
Sebastián Borensztein firma y dirige este film, su tercera realización, de forma espectacular, acurado trabajo de fotografía que con un solo plano consigue expresar un sentimiento o una idea.
Por su parte Ricardo Darín demuestra ser un actor de valía, ya que interpreta un papel al que nos tiene poco acostumbrados, pero lo hace tal forma que parece que haya sido escrito para él y solo para él.
En definitiva una de las mejores cintas argentinas de los últimos años, en que una sencilla y tierna historia se convierte en toda una aventura.

Valoración: 4/5