16.5.12

¡Más madera!: Los cuatro cocos (Joseph Santley & Robert Florey, 1929)

Hace tiempo que el Hotel de Cocoanut atraviesa una mala época. Su propietario y director, el Señor Hammer, debe algunas semanas de paga a sus botones y empleados. La causa de la crisis es que el edificio está situado en un lugar pantanoso y poco propenso para el turismo. Entre los pocos clientes del hotel, se encuentran la millonaria señora Potter, la única que paga las facturas, y su hija Polly, que está enamorada de Bob Adams, un empleado del Cocoanut que tiene grandes planes de urbanización para la zona y ambiciona ser arquitecto. Otra pareja destacada que se hospeda en el hotel es la formada por dos antiguos compinches de robos de joyas: Harvey Yates, individuo procedente de buena familia pero arruinado, y Penélope. Harvey ansía el dinero de la señora Potter y, para obtenerlo, planea casarse con Polly. Su único obstáculo es Bob Adams, ya que la señora Potter ve con buenos ojos el enlace matrimonial entre su hija y un miembro de tan honorable familia. Las habitaciones de Penélope y la señora Potter son contiguas, lo cual facilita una idea a la primera: robar un collar de la millonaria valorado en 100.000 dólares y echar la culpa a dos ladronzuelos de poca monta que acaban de llegar al hotel para hacer fortuna, Chico y Harpo. El delito se lleva a cabo y las sospechas recaen en Bob Adams. 
Los cuatro cocos fue el salto de los Hermanos Marx a la gran pantalla. En Broadway habían cosechado un extraordinario éxito con el espectáculo I’ll Say She Is!, para continuar con The Cocoanuts y Animal Crackers, fue entonces cuando la Paramount mostró interés por realizar una versión cinematográfica de The Cocoanuts. Después de las negociaciones, llevadas a cabo por el hábil Chico, uno de los mismos creadores del espectáculo, Morrie Ryskind, adaptó el libreto, de forma bastante exacta ya que se quería rodar el espectáculo tal y como era. 
En 1929 el cine sonoro estaba en los sus albores, por lo tanto los medios técnicos para lograr buenas grabaciones, sobretodo de las canciones, eran más bien escasos. Forrando las paredes y construyendo cabinas para las ruidosas cámaras, se consiguió un resultado más que aceptable para la época.
Pero este no fue el único obstáculo con el que se encontró la película, el siguiente fue el personaje de Groucho. El bigote pintado y su costumbre de hablar con el público -en este caso mirando a la cámara- era algo que no agradaba al equipo de producción, pero después de un pase previo el actor se salió con la suya. 
Como nos ha demostrado siempre el mundo del cine, el salto del teatro a la gran pantalla no es fácil para los actores, y tampoco lo fue para estos hermanos. Acostumbrados a ir de un lado al otro del escenario les costaba mantenerse en las marcas de tiza del suelo, y esto complicaba el trabajo a los cámaras, que en muchas ocasiones les costaba mantener a los Marx en el plano. 
A pesar de que a los Marx no les gustó el resultado, incluso llegaron a querer quemar el negativo, la película fue la más taquillera de la productora ese año, convirtiéndose en la opera prima de estos irreverentes cómicos. 
Sin duda alguna, otros filmes, de los que hablaremos más adelante, han sido mejor considerados por el público y la crítica, como Una noche en la ópera o Un día en las carreras, pero esta cinta es el motivo por el cual los actores pudieron seguir adelante con su exitosa carrera cinematográfica, instalándolos poco después en el Olimpo del cine.

Valoración: 4/5