6.6.12

¡Más madera!: Plumas de caballo (Norman Z. McLeod, 1932)

Con el mismo equipo que en Pistoleros de agua dulce, así como algunas incorporaciones como los guionistas de gags Bert Kalmar y Harry Ruby, el grupo de hermanos, dirigido de nuevo por Norman Z. McLeod, encaró el rodaje de su cuarta película que, a pesar de no constar como una de las más taquilleras del año, cosechó grandes éxitos entre público y crítica. 
Además de los habituales problemas, generados por el descontrol de los hermanos, se tuvo que añadir el accidente automovilístico que sufrió Chico diez semanas antes de empezar a rodar, llegando a contratar un doble para los planos amplios en los que el hermano cojeaba visiblemente. 
Tras doce años de estudiar en la facultad de Huxley, Frank Wagstaff, más preocupado por las mujeres y el deporte, ve como su libertad se acaba cuando su padre, Quincy Adams Wagstaff, es escogido como nuevo decano de la facultad. Pero el hijo consigue convencer al padre de que lo más importante es ganar el partido de rugby contra Darwin, y le dice que debe contratar a dos jugadores que frecuentan una taberna. Pero al llegar ahí se equivoca y contrata a Baravelli, un contrabandista de alcohol, y a Pinky, un perrero, en lugar de los dos jugadores, que han sido contratados por el decano de la facultad de Darwin, Jennings. El idílico romance entre Frank y Connie Bailey es interrumpido por el profesor Wagstaff, que locamente se enamora de la mujer. Lo que no sabe es que Connie es una espía de Jennings, con la misión de descubrir todo lo posible sobre el equipo de la facultad de Huxley, ya que ha apostado una gran suma de dinero por Darwin. 
Plumas de caballo, como todos los films de los hermanos, nos ha dejado grandes momentos que han pasado a la posteridad del cine, pero uno de los más singulares es el juego de palabras y contraseñas que realizan entre Groucho y Chico… ¡Pez Espada! 
Una vez más los hermanos sorprendían al público con una brillante sátira sobre el mundo universitario y la universidad como institución, seguramente fruto de las propias vivencias de S. J. Perelman, ya que ninguno de los hermanos ni ningún otro guionista habían ido a la universidad. A pesar del éxito se empezaba a entrever uno de los principales problemas, además de una de las causas por las que en su sexto film fueron solo tres hermanos, Zeppo estaba cada vez más desubicado al lado de sus hermanos. 
Aunque redundante ya que todas las películas de los Marx los son, debemos recomendar esta película a todos, y sobre todo a los universitarios, que se morirán por tener un decano tan singular como el profesor Wagstaff.

Valoración: 5/5