5.8.12

Entrevistas Imposibles: Howard Hawks

Octubre de 1965. Ya hace dos años que sobrevivo trabajando como articulista mientras persigo el cada vez más inviable sueño de vender mi guión a algún estudio de Hollywood. Preparando la maleta, recuerdo las palabras de mi editor: 
- Te he conseguido una gran entrevista. 
- ¿Por fin podré hablar con su contacto en la Fox? - le pregunté ilusionado. 
- No hijo, eso ya llegará. Te vas a Tucson mañana. ¡Vas a entrevistar a Howard Hawks! 
- Ese hombre está casi retirado... Usted me prometió que podría hablar con alguien de Fox para hablar de mi guión... 
- Jóvenes irrespetuosos... ¡Te sirvo en bandeja a uno de los mejores directores de la industria y tú lloriqueas por un ridículo guión! 
- Ni siquiera lo ha leído. Creo que nunca ha tenido intención de conseguirme esa entrevista. ¿Y ahora qué? Le habrán fallado sus otras opciones y me envía a mí... Parece usted desesperado. 
- ¡¡Está bien!! Te doblo la prima habitual. Es muy importante que tengamos esa entrevista y me ha costado conseguirla. 
- Sí claro, es usted un hombre de influencias... Ya lo ha demostrado. 
- Si esta entrevista no nos pudiera garantizar vender más números de la revista, te despediría ahora mismo. Pero lo reconozco, me tienes cogido por los huevos... ¿Cuánto quieres? 
- Tranquilo jefe, habría aceptado hacer la entrevista por el precio de siempre cuando he oído el nombre de Hawks. Pero debo reconocer que me ha resultado divertido extorsionarle... 
Salgo rápidamente del despacho entre gritos y vituperios varios. Recojo los billetes y el cheque y empiezo a preparar la entrevista. Howard Hawks, un mito de la historia del cine, ¿quién me lo iba a decir?. Aunque eso no me va a amedrentar, el hombre tiene fama de ser cordial y yo aprovecharé eso para ser incisivo y sacarle lo que pueda. Por descontado, llevaré mi guión. Nunca se sabe. 

Llego a Tucson (Arizona) por la mañana y me alojo en un pequeño motel muy cercano a los Old Tucson Studios, emblemático escenario en el que se han rodado algunos de los mejores westerns jamás realizados: Flecha Rota, Winchester 73, Duelo de Titanes, Cimarrón, Río Bravo, y ahora el nuevo proyecto de Hawks: El Dorado
Cuando llego a los estudios, me recibe su ayudante, Bill Poole, quien me cuenta que la entrevista se pactó en un día de descanso en el rodaje porque Hawks quería estar tranquilo para así poder rememorar mejor su trayectoria y anécdotas. Me informa que John Wayne se ha ido a pasar el fin de semana al rancho que posee en la región y que Bob Mitchum y James Caan están en la ciudad, como el resto del reparto. Por consiguiente, sólo le veré a él. 
A medida que voy dando pasos por la main street del estudio, empiezo a verle a lo lejos. Lleva un llamativo sombrero blanco que brilla intensamente con el reflejo de la luz solar. Está viendo como su hijo Gregg, de diez años, muestra su temprana habilidad al volante de una moto, recorriendo las dunas que rodean los estudios. Cuando me acerco más, percibo una estampa clásica del director hollywoodiense. Además de ser un gran cineasta, también lo parece. Es alto y delgado, mueve los brazos transmitiendo una imagen inequívoca de liderazgo. Pronuncia algunas palabras, como si también quisiera guiar los movimientos de su hijo mientras este rebasa una duna tras otra... 
Hawks ha construido una carrera sólida, repleta de films favoritos del público, aunque siempre le ha faltado el reconocimiento de la industria. Los críticos franceses del “Cahiers du Cinema” le alaban pero, en su propio país, le siguen considerando un director de masas porque presuntamente sus películas no tienen una impronta social o artística evidente. Qué gran paradoja. Uno de los realizadores más talentosos de la historia del cine verá reconocida su labor en los años venideros y quizá hasta acabe recibiendo un Oscar honorífico, cuando los académicos crean que deben reparar su “olvido oficial”. 
Bill Poole me lo presenta y nos sentamos bajo la sombra del porche trasero de una de las casas del estudio. Estoy ante alguien que es historia viva del cine. El director preferido de Cary Grant, Humphrey Bogart, y casi de John Wayne (sino llega a ser por un tal John Ford). Y, sin embargo, el hombre que ha rodado clásicos inmortales prefiere no darme la mano porque las tiene bastante grasientas tras haberse pasado toda la mañana reparando la moto de su hijo. Antes de empezar, recibo una bocanada de realidad desmitificadora que voy a intentar aprovechar desde la primera pregunta: 

Señor Hawks, tras casi cincuenta películas... ¿qué le impulsa a seguir dirigiendo? 
Ahhh los guionistas... siempre persiguiendo escribir algo que tenga éxito y que les permita retirarse en pocos años... 

¿Cómo sabe que soy guionista? 
Joven... yo también me he informado sobre usted antes de que viniera. Su editor y yo somos amigos desde hace años. Me dijo que me enviaba a un sinvergüenza talentoso que trataría de venderme un guión. ¿Me equivoco? 

No, ni un ápice
Entonces, ahora que ya nos conocemos, permítame que le responda a su primera pregunta. Sigo dirigiendo porque me encanta. Yo no iba a ser director de cine, llegué a este mundo casi por casualidad pero cuando empecé ya no quise hacer nada más. Y después de 47 años de oficio, me he ganado el suficiente prestigio profesional para hacer lo que yo quiero, cuando yo quiero. Y aquí estamos hoy, en estos históricos estudios tratando de hacer una buena película, con los mejores actores que he podido contratar... 

Los actores que han trabajado con usted le alaban. Siempre se sienten cómodos con usted, en Hollywood algunos le llaman un líder que dirige con la mano tendida... 
Siempre he intentado llevarme bien y convertir el set en un lugar agradable. Claro que hay tensiones que no se pueden evitar pero yo he tratado de trivializarlas en beneficio del buen entendimiento. No critico la forma de trabajar de los otros directores, muchos de los cuales han hecho mejores películas que yo con un estilo más autoritario. Pero a mi me ha funcionado el mío y con eso me quedo. 

Creo que pocos directores han tenido un espectro tan amplio en cuanto a su obra. Usted ha destacado en prácticamente todos los géneros. 
Pero eso es algo que caracteriza a los directores de mi generación. Nos forjamos en la industria de los años 20, dirigiendo películas sin descanso, a veces hasta tres en un mes. Aprendimos a tocar todas las teclas y a movernos por todos los géneros. Cuando, más adelante, nos hicimos un nombre estábamos capacitados para afrontar cualquier argumento con solvencia. 

De sus palabras, se desprende que las nuevas generaciones de directores no poseen esa virtud. 
En general no. No la tienen. Con el tiempo el cine se va especializando cada vez más y surgen cineastas muy buenos conforme a este esquema. En el futuro, ya no habrán tantos “hombres-orquesta” como lo éramos nosotros. 

¿Y eso es malo? 
Ni mucho menos, es algo positivo porque la industria siempre tiene que estar evolucionando al mismo ritmo que cambian los gustos del público. Es un cambio y eso indica que el cine está vivo, es muy saludable. 

¿Cuales cree que son sus pautas principales como director? 
Lo mejor es contar la historia como si la estuvieras viendo, a través de tus ojos. Que el espectador la vea como si estuviera allí. El público no conoce la geografía de un lugar a menos que tú se la enseñes. Si no se la enseñas, puede ser lo que tú quieras que sea. Una película es el mundo que uno crea. 

Lo afirma como si fuera algo simple.
Es más fácil de lo que parece. Yo creo que los directores somos contadores de historias. Debemos disponer un escenario, crear situaciones, transmitir ideas claras a los actores, y después dejar que todo fluya. Nunca he creído en la filosofía de controlar hasta el más mínimo detalle. Eso te hace perder concentración sobre lo que es verdaderamente importante: los personajes. 

¿Y el argumento?
El argumento es importante, sin duda alguna. Pero fíjese cuantas películas tienen argumentos y situaciones parecidas. En cada género hay un número limitado de situaciones argumentales que se pueden dar. Ahora bien, ¿por qué las ve la gente? 

Por el carisma de las estrellas y lo que éstas le ofrecen a los personajes. 
No exactamente. Porque en cada película varía la relación entre los personajes. Ante un marco parecido, las dinámicas varían, y eso es lo que define a un buen guión. Por tanto, hay que centrarse en los personajes, darles dimensión, fuerza, buenos diálogos. Y otra cosa más, en el género dramático hay que ponerlos en peligro. Sólo hay acción y dinamismo si existe peligro. 

Creo que eso coincide con una de sus frases más famosas... 
Adivino la frase a la que se refiere. “Una buena película son tres buenas escenas y ninguna mala”. Me alegra ver que ha trascendido. Ya la he oído varias veces por parte de gente joven como usted. 

Es usted un genio pero tiene una gran capacidad para simplificar...
Es el resultado de mi experiencia. Pero, al final de todo, el cine es un negocio, un placer. Nunca he considerado mi oficio como un arte. Solo creo en contar una historia y contarla bien. Que cree entretenimiento. 

Rio Bravo...
Tal como lo dice, entiendo que le gustó la película...

Enormemente, es una de mis favoritas. 
Bueno, creo que en ella confluyeron muchas cosas positivas. Por un lado, yo llevaba un tiempo sin hacer películas, había descansado y venía con ideas nuevas. Tuve que convencer a Jack Warner porque él me decía que no me convenía hacer un western en ese momento. Yo le respondí: “Sí que me conviene”. Y en ese momento terminó la discusión.

Ha tenido usted un poder tremendo ante los jefes de estudio...
Sí, así ha sido desde 1931. Me lo gané tras años de dar éxito tras éxito a los estudios en que trabajé. Por otra parte. nunca he creído en los contratos. Nunca he trabajado por contrato. Por eso puedo elegir mis proyectos. En la Metro no aceptaron mis condiciones y por eso no he trabajado para ellos en los últimos treinta años. ¿ Pero no estábamos hablando de Rio Bravo ?

Sí claro... tal como decía usted antes volvió a la silla de dirección con mucho ímpetu, con fuerzas renovadas... la primera escena de la película, donde no hay diálogo pero entendemos rápidamente las motivaciones de los personajes, me parece sensacional.
Es que John Wayne es sensacional y Dean Martin también es un gran intérprete. Definimos muy bien a los personajes, sabíamos que Duke era un sheriff de un pueblo muy duro donde había gente rica y malvada. Y Dean Martin era un alcohólico muy tirado, pero amigo del sheriff. Y aun así, el amigo era capaz de darse la vuelta y pegarle un puñetazo al sheriff porque le habían pillado. Todo eso está ahí, sin palabras, pero llega al espectador por la calidad de los actores que lo interpretan.

¿Qué puede decirme sobre la película que está rodando ahora en estos magníficos estudios? 
El Dorado es un western en la línea de Rio Bravo, con puntos en común en la relación entre personajes.

¿No le preocupa repetirse?
No lo veo así. Yo lo enfoco de otra forma. Cuando ves que una cosa funciona... ¿por qué no repetir ?. Además, en esta película vamos a tratar el tema del alcoholismo en clave de comedia. Ya hemos hecho algunas escenas en las que Bob Mitchum está consiguiendo lo que queríamos cuando creamos al personaje.

¿Cómo le llegó el proyecto?
El estudio me envió la novela en la que se basa y me gustó. Llamé a Leigh Brackett y le encargué que escribiera el guión. Ella sabe lo que me interesa y cómo quiero expresarlo así que preparó un guión con muchos cambios pero que preserva la esencia de la relación entre los personajes que interpretan Wayne, Mitchum, y Jim Caan. 

Me atrevo a decir que usted y John Ford son los forjadores del icono cinematográfico que es John Wayne...
Yo no diría tanto aunque es cierto que los dos hemos trabajado mucho con él en grandes películas. Por mi parte, lo que puedo decir sobre Duke es que es la persona con la que mejor y más fácil he trabajado durante toda mi carrera. Nunca se queja, lo afronta todo y siempre lo hace bien. Además es una guía constante para el resto de actores en el rodaje. Es un intérprete fantástico, con una personalidad arrolladora. Mantiene a todo el equipo unido, y se gana a la gente con su honestidad y solidez. Y en pantalla, es capaz de hacer creíble cualquier cosa.

Esperaba poder conocerle en este viaje pero me temo que no será posible.
Quédese unos días, seguro que su editor lo comprenderá. Además, tiene que darme tiempo para que pueda leer su guión.

¿Quiere leerlo? pensaba que no le interesaría...
No se haga ilusiones, es usted muy joven y seguro que su guión ya no concuerda con mis gustos. Pero le echaré un vistazo y después haré que mi agente se lo pase a algún ejecutivo de la nueva generación. Hay un tipo nuevo en Paramount, un tal Robert Evans, que está subiendo como la espuma. Pronto será jefe de producción. Ese es el tipo de persona que debe leer su libreto.

Estoy muy agradecido, señor Hawks, no sé que decirle...
No tiene que decirme nada más. Siempre he creído que hay que ayudar a la gente joven con talento. A mí también me echaron una mano en mis inicios. En esta industria hay que empezar con algún apoyo porque de otra forma no pasará usted de joven promesa.

Trabajando en esa revista me estoy consumiendo...
Lo entiendo. Tal como le decía antes, quédese un par de días, conozca a los actores, el lunes estarán todos aquí. Y, dentro de un tiempo, venga a verme otra vez, charlaremos. Ahora, si me disculpa, mi hijo necesita de mis servicios... creo que su moto ha vuelto a fallarle. Déjele a Bill una copia de su guión. Él me lo hará llegar.

Y con la misma sencillez con la que apareció en escena, Howard Hawks se marcha caminando, con su aire distinguido, hacia las dunas donde su hijo acaba de sufrir una leve caída. Se me han quedado muchos temas pendientes pero eso es bueno. Los seres humanos siempre nos dejamos cosas en el tintero. Es la forma que tenemos de volver a hacer aquello que nos gusta. Además, salgo con una posibilidad de futuro para mi guión. Pienso en mi pobre editor al que tanto he descalificado. Al final resultó que me apreciaba....