3.8.12

Recomendación de la semana: Furia de titanes (Louis Leterrier, 2010)

5,8 es la nota democrática de El increíble Hulk en la base de datos Filmaffinity. Se trata de la penúltima película de Louis Leterrier. Luego está Furia de titanes, su última producción. También le han puesto “sufi” y no ha recibido toda la aprobación de la crítica. Leterrier, que en los últimos años se ha dedicado a coreografiar tiroteos, patadas y explosiones, se atreve ahora con el remake de un peplum ochentero de serie B y nos demuestra que es un cineasta idóneo para la evasión comercial y epidérmica. Su cine –rítmico, hiperbólico, insustancial y pirotécnico– no está hecho para perdurar, se consume como la mecha de un petardo y se olvida.
Autor de películas de acción sin frenos como Transporter y Danny the Dog –con un Morgan Freeman en horas bajas incluido– y de una adaptación realmente entretenida de Hulk, Louis Leterrier es –junto a Pierre Morel– un heredero del cine violento y palomitero firmado por Luc Besson (guionista de tres de sus películas y responsable de Nikita y El profesional). En 2010, sin embargo, ya no son coches caros ni armas de fuego lo que puebla el cine de Leterrier, sino héroes clásicos, dioses, princesas, brujas, titanes y otros bichos dispuestos a entretener al personal durante escasas dos horas. Asimismo, elementos como un reparto atractivo y un guión debilucho vuelven a estar muy presentes en la última cinta del director galo.
Con buenos efectos digitales, un presupuesto elevado y la resaca post-Avatar todavía en el aire, Leterrier y sus guionistas yanquis han retocado un poco el guión de la primera Furia de titanes (Davis, 1981), esquemática a más no poder, para dar con otra fugaz producción hollywoodiense de llamativo envoltorio y sin una pizca de profundidad narrativa. Una revisión cinematográfica que, además, se antoja algo pasota y maleducada. Su director ha hecho algo así como un borrón y cuenta nueva a dos bandas. Por un lado, se pasa los mitos de la Antigua Grecia por el forro. Por otro, actualiza completamente los anacrónicos efectos especiales de la Furia de titanesoriginal. Unos efectos que, precisamente, la convertían en una rareza interesante, filmada en stopmotion a cargo del famoso Ray Harryhausen, en una época donde la ciencia ficción estaba dominada por las proezas galácticas de George Lucas.
Pero no es sólo irreverencia lo que detectamos en el nuevo largometraje de Louis Leterrier. También se homenajea a cierto cine de antes. Concretamente, al de espada y brujería germinado en la Europa de los 80. Esas refulgentes armaduras que llevan los dioses del Olimpo sirven de guiño al Excalibur de John Boorman, mientras que la efímera aparición de un búho robótico, muy presente en la primera Furia de titanes, se interpreta como una sana bromita hacia la misma.
Con todo, nos encontramos ante un peplum flojito, un ejercicio de épica barata, para no pensar, que posee impactantes secuencias de pelea, nulas sorpresas, una convencionalísima subtrama amorosa y un reparto al que le sobran personajes. Sólo brillan Liam Neeson y Ralph Fiennes sobreactuados, interpretando a Zeus y Hades respectivamente. Mads Mikkelsen está correcto –aunque mil veces mejor es su recuerdo en Casino Royale– y el muñeco Sam Worthington aparece inexpresivo ante la cámara, como siempre. También parecen sacados de un escaparate juguetero el resto de personajes: una atractiva musa, un extraño brujo del desierto y dos guerreros con acento magrebí sacados descaradamente del cine trash, en la línea de la cinta italiana Ator el Poderoso (Joe d’Amato, 1982) y de otros personajes planos y musculosos que pululan por las películas de Conan.
Tiempos de remodelaciones americanas vivimos últimamente. Además de este voluminoso y vacuo remake de Furia de titanes, también figuran en la lista lucrativa grandes personajes del terror clásico y moderno, héroes y superhéroes de toda la vida, películas europeas de éxito –como La cena de los idiotas– o la franquicia de la Pantera Rosa inaugurada por Blake Edwards en 1964. Todo esto ha dado como resultado, durante la última década, un gigantesco puzzle revisionista que engorda a Hollywood a base de cine mediocre, carente de originalidad, que no sirve más que para matar el tiempo.


Valoración: 3/5