10.1.13

El chef, la "auténtica" receta de la felicidad

Una de las últimas películas que nos dejó el 2012, fue la cinta dirigida por Daniel Cohen, Comme un chef, traducida, como siempre, incomprensiblemente en español como El chef, la receta de la felicidad. ¿O no?
Por extraño que parezca, por una vez encuentro apropiada la traducción del título, y no por tener algo que ver con el argumento de la película -que no lo tiene-, sino por la relación que establece el público con la película. Ya que si tienes un mal día, o estás deprimido, El chef resulta ser el mejor remedio. Con un argumento sencillo que no necesita grandes reflexiones y unos personajes agradables de los que querrás ser amigo, esta película consigue alegrarnos el día. Su humor, típico de las comedias francesas, es rápido y sin freno, una tras otra las situaciones cómicas se nos presentan ante nosotros, y a pesar de que puedan parecer algo estúpido, nos hacen reír igual.
Jacky Bonnot es un joven cocinero con un talento increíble, el problema que tiene es que sus trabajos no le permiten demostrarlo. Cocinero en una brasería, en un restaurante de camioneros, etcétera, etcétera, y debido a su perfeccionismo tras los fogones no hace más que perder un trabajo tras otro. El problema es que su mujer, Béatrice, está embarazada y necesitan un trabajo estable con un contrato largo que les permita vivir hasta que ella pueda volver a su trabajo tras el embarazo. Finalmente, aunque no se trate de cocina, Jacky consigue un pequeño pero fiable trabajo de pintor, que promete a su mujer mantener, en una residencia para la tercera edad, en la que hace amistad con los cocineros y a los que aconseja mientras todos disfrutan del programa de cocina de Alexandre Lagarde.
Lagarde, el gran Alexandre, es un cocinero con numerosos restaurantes, muchas estrellas y una carrera envidiable, pero ahora, presionado por el propietario de sus restaurantes, de sus estrellas e incluso de su nombre, Stanislas Matter, se ha quedado sin inspiración, y sus ayudantes desaparecen lo abandonan por trabajos mejores bajo la dirección de Matter, que tan solo quiere que el viejo Lagarde se marche de "sus" restaurantes.
La vida de estos dos hombres no podía ser peor, uno con un talento desaprovechado y otro que ha perdido la inspiración. Todo cambia cuando Lagarde va a visitar a su viejo maestro, el padre de Stanislas Matter, a la residencia de ancianos en la que trabaja un pintor que ha revolucionado la cocina. La propuesta es sencilla, un mes de prueba sin sueldo con un posible contrato fijo si al final Jacky logra ayuda a Alexandre a crear la carta de primavera. Pero, ¿que pasa con Béatrice? ¿y con su promesa? y ¿Alexandre conseguirá domar a un loco de la cocina?
El reparto de esta película esta encabezado por dos grandes figuras del cine francés. Por un lado tenemos al siempre presente Jean Reno, del que ya conocíamos su faceta cómica, pero que en este caso consigue que veamos una nueva versión con un personaje natural sin exageraciones innecesarias para hacernos reír. A su lado, Michaël Youn, un joven estrella del cine cómico que, desde que se hiciera famoso por su humor corrosivo en la radio, ha logrado convertirse en un referente del género en su país.
Además de estos dos brillantes actores, en los que recae todo el peso argumental, en la cinta podemos ver a Raphaëlle Agogué, como Béatrice, Julien Boisselier en el papel de Stanislas Matter, o Paul Vernier como Paul Matter. Además, para el público español esta película tiene un gran aliciente, que es ver a Santiago Segura interpretando a un irreverente cocinero moderno que se dedica a la cocina experimental, al más puro estilo Ferran Adrià, convirtiendo la escena en la que participa en la más absurda de todo el film, pero a pesar de ello es inevitable reírse con la payasadas de este actor tan poco convencional.
Aunque no al mismo nivel cómico ni argumental, El chef se establece como compañero perfecto de estantería de Bienvenidos al Norte o El juego de los idiotas, ya que la normalidad de sus historias y las situaciones absurdas que se entremezclan en ellas, dan como resultado el cóctel perfecto de humor que nos hará sonreír cada vez que la veamos.
No estamos ante una de esas obras que pasarán a la historia del séptimo arte, sino una película de cine puro, es decir, de cine de entretenimiento, con adornos y decoración por todas partes para que la gente que entre a las salas no se deprima, no se sienta vacío o se desmaye, como algunos críticos aseguran que debe hacer reaccionar una película de calibre. En pocas palabras, esta película nos hace ser un poco más felices.

Valoración: 4/5